Viña Moraima, el fruto de cepas centenarias

Hace poco os hablábamos de los dos albariños producidos por la bodega Viña Moraima (Viña Moraima y Aba de Trasumia)
Hoy nos gustaría hablaros un poco acerca de esta pequeña bodega.

Todo empezó cuando hace casi una década, un grupo de amantes del vino decidieron formar una cooperativa uniendo así sus conocimientos, sus campos y sus fuerzas.
Desde un principio tuvieron claro que tenían que explotar el gran tesoro que tenían, sus viñas. La gran mayoría de las viñas de Viña Moraima son prefiloxéricas, esto es, cepas que sobrevivieron al ataque de la filoxera, parásito de origen americano principalmente que arruinó a principios del Siglo XX gran parte de las plantaciones vinícolas del país.
La mayoría de las cepas son de pie franco o patrón directo que se fueron reproduciendo por acodo sin ningún tipo de injerto, lo que nos ofrece mayor pureza en el material genético. También se practica una viticultura integrada, consistente en realizar un exhaustivo control en campo para utilizar, en la menor medida posible, productos fitosanitarios que controlen plagas y enfermedades en los cultivos, reduciendo de este modo el nivel de residuos en los frutos.
Con la peculiaridad de tener cepas centenarias de albariño, decidieron poner en marcha la cooperativa con el objetivo de hacer un albariño de alta calidad.
Para conseguirlo apostaron por la inversión en modernos equipos, personal cualificado e invertir en el mimo y cuidado del campo. Si visitamos la bodega podremos ver que detrás de unas sencillas instalaciones se esconde el secreto de un buen vino, el cuidado de la elaboración a partir de una materia prima excelente.
Los viñedos de Viña Moraima nos muestran todos sus secretos. Asentados en postes de piedra se encuentran unos emparrados centenarios, lo que le da un encanto especial a las pequeñas parcelas que forman el total de las plantaciones de los socios.

Guía de Vinos 75cl - Viña Moraima

Como podemos ver en la fotografía, la vendimia se realiza manualmente y se usan las técnicas culturales propias de la zona como la poda tardía, deshojado o aclareo de racimos. La selección de uva se realiza in situ, en el campo. Para el transporte de la uva se utilizan cajas pequeñas para no dañar el fruto.
Una vez llega la uva a bodega, a los racimos se les retira el raspón, causando así una leve rotura de la piel que permite la salida parcial del mosto. La maceración posterior de la uva es de 7 horas, a una temperatura de 6ºC. La fermentación alcohólica se hace a temperatura constante de 16º, durante 14 días. Después de esta, se cría en sus lías durante cuatro meses, y reposa hasta el momento óptimo de embotellado, no antes de mayo del año siguiente.
Todo este proceso hace que cuando llega el vino al consumidor podamos apreciar un albariño que, según los viejos del lugar, nos recuerda a los albariños de antaño. Fresco, equilibrado, con una acidez perfecta, nos permite disfrutar de un vino que nos enseña que cuidando todo el proceso desde el principio siempre tendremos un gran vino.

Ahora sólo te queda probar estos excelentes vinos, y eso depende solamente de ti.

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